Un camino a la meditación

Hace un par de años comenzó a ponerse de “moda” meditar; sin embargo, esta practica es tan ancestral como la existencia del hombre en el mundo. Por lo mismo, a lo largo de los siglos han surgido varios maestros espirituales que nos hablan de la práctica de la meditación.


Actualmente, podemos encontrar un sinfín de definiciones sobre como se “debe” meditar de manera correcta y cuales son sus beneficios. A mí en lo personal, no me toca decirte que está bien o mal; sino que me gustaría compartirte mi experiencia propia.


En los momentos de mayor tormenta en mi vida, comencé a llenarme de ansiedad. El pasado me causaba nostalgia, enojo y el futuro me ponía muy nerviosa. Los caminos de la vida son sabios, y uno de ellos me llevaron a mi primer maestro de meditación. Quién me explicó que no existía una manera “correcta” o “incorrecta” de meditar, y que la única definición que podría darle era la que viviera en mi experiencia.


Él me invitó a aprender a respirar. Sí, respirar. Algo tan esencial para vivir, no sabemos hacerlo. Inhalar, retener, exhalar… Y con esto llenarnos de vida, del presente, de lo que es real. Una vez que empiezas a dominar tu respiración, lo demás se va a dando poco a poco.


Y desde mi experiencia, te puedo decir que meditar no es otra cosa más que estar vivo. Es inhalar, retener y exhalar este preciso momento. El momento presente, el único que es real. Meditar es soltar el pasado, vivir el presente y olvidarse de lo que pasará. Estar en estado meditación, es estar consciente de tu respiración; es saber que nada de lo que pasó te define y nada de lo que pueda pasar cambia la esencia de tu ser.


Meditar, es simplemente respirar para llenarte del amor y del presente.


DEC







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